POÉTICA GRIEGA Y LATINA

Obras de Virgilio

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martes, 20 de septiembre de 2016

Los viajes de Eneas



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Etiquetas: itinerarios , viajes de Eneas
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Virgilio

Virgilio

Biografía de Virgilio

Publio Virgilio Marón (Andes 70-Brindisi 19 a. de C.):

Nació cerca de Mantua, en la Galia Cisalpina. Su educación, iniciada en Cremona y continuada en Mediolanum (Milán), fue completada en Roma. Pensaba ejercer la abogacía; pero, después de una actuación desafortunada en los tribunales, el modesto y tímido joven regresó a su granja y comenzó a escribir. Más tarde, en el año 41, fue desposeído de aquella propiedad cuando a los veteranos de Antonio, a raíz de la campaña filipense, se les recompensó con la acostumbrada entrega de tierras. El poeta se dirigió a la capital y protestó contra la pérdida de sus tierras. Los buenos oficios del político y escritor Asinio Polión hicieron que las propiedades fueran restituidas a Virgilio y a su hermano, pues su padre acababa de morir. Su estancia en Roma le procuró aún mayor beneficio, pues conoció a Octavio, el futuro emperador, y a su brillante consejero, Gayo Gilnio Mecenas, que habían de ser sus amigos más fieles. Pasó los años comprendidos entre el 37 y el 29 a. de C. en Nápoles y sus proximidades, donde su timidez, observada con cariño por los napolitanos, le valió el sobrenombre de Parthenias (la Doncella). El año 19 marchó a Atenas con el propósito de completar su revisión final de la Eneida; pero, cuando apareció Augusto en aquella ciudad le apremió a que regresara a Roma, recogió su manuscrito aún sin terminar, y se unió al séquito imperial. Antes de que la nave llegara a Italia cayó enfermo y murió en Brundisium (Brindisi), el 21 de septiembre.

En el año 37 publicó sus Bucólicas o Eglogas en las que proclama la llegada de una edad de oro, que ha de ser anunciada por el nacimiento de un niño divino. Estas diez breves églogas de carácter idílico (a excepción de la cuarta, que es un panegírico de la casa de Augusto) tuvieron gran éxito.

Las Geórgicas:

Durante su estancia en Nápoles escribió las Geórgicas. Mecenas alentó su composición para apoyar a Augusto a promover un movimiento de retorno al campo.

[Mecenas] lo instó a que redactara un poema sobre la agricultura, en el que Virgilio invirtió siete años de intenso trabajo... comprenden cuatro libros, el primero de los cuales trata del cultivo de la tierra en general, incluyendo un calendario del labrador y las diversas señales para conocer el tiempo atmosférico. Versa el segundo sobre el cultivo de los árboles, especialmente de la vid, el tercero, de la cría del ganado, y el cuarto y último, del cuidado de las abejas. La influencia de Lucrecio se hace notoriamente perceptible en episodios como el de la descripción de la Edad de Oro, o aquel que refiere el despertar de la naturaleza en la estación primaveral. (Luis Alberto de Cuenca)

La Eneida:

Sus once últimos años los dedicó a Eneida, poema épico en 12 libros que trata de la caída de Troya, de los viajes de Eneas y del establecimiento definitivo de una colonia troyana en el Lacio. De nuevo vemos al poeta desempeñando el papel de protagonista imperial: Venus es la madre de Eneas, y Julio, su hijo, el progenitor de la familia juliana que ha dado al mundo al gran Augusto, su último y perfecto fruto. Además proclama con fervor y pasión evangélicos la divina misión de Roma como rectora de las razas humanas. En el libro IV el héroe desciende al Averno, donde encuentra la sombra de su padre Anquises en los Campos Elíseos y recibe alientos y consejo para los días tormentosos que se avecinan.

El manuscrito:

Debido al precario estado de salud de Virgilio, antes de embarcar en un viaje a Grecia que debía durar tres años, confía el manuscrito provisional de la Eneida a sus amigos Vario Rufo y Plotio Tuca, para ser destruido si no sobreviese al viaje. Pocos meses después muere Virgilio pero sus amigos no se atreven a quemar la obra de casi diez mil hexámetros y salvan de las llamas los versos más bellos de la poesía romana.

La reina de Cartago Dido:

Una creación de gran belleza es Dido, que acoge graciosamente a los compañeros náufragos de Eneas y los establece en su recién fundada ciudad. Como consecuencia de las maquinaciones de Juno y Venus, aquélla se enamora apasionadamente del jefe troyano, quien vive felizmente en su palacio hasta que Júpiter envía a Mercurio para ordenarle que la abandone y embarque para Italia. Este episodio fue intercalado por Virgilio para dar una explicación de la rivalidad entre Cartago y Roma, que culminó en las Guerras Púnicas. La oposición entre las actitudes de espíritu de Dido (la pasión) y de Eneas con su equilibrado sentido del destino (la razón) termina acercándonos a quien sufre inocente, abandonada por el cumplimiento de una misión.

El héroe trágico Turno:

Otro personaje destacado es Turno, rey de los rútulos, que al ser raptada su prometida Lavinia por Eneas, lucha heroicamente contra los invasores. Como noble adversario da muestras de numerosas cualidades y despierta la compasión por el infortunio que pesa sobre él. Como en el resto de personajes, es la acción la que revela la identidad y el carácter, muestra lo que cada uno es, puede ser y consigue llegar a ser. A pesar de que Eneas compadece el fracaso y tiene piedad para el vencido, la desesperación que le produce el recuerdo de Palante le lleva a matar a Turno cuando estaba dispuesto a perdonarle.

Nos mostró Virgilio en la persona de Eneas el valor de un hijo piadoso y la sagacidad de un valiente y entendido capitán, no pintándolos (a los héroes antiguos) ni describiéndolos como ellos fueron sino como habían de ser para quedar ejemplo a los venideros hombres de sus virtudes. (Don Quijote, parte I, cap. XXV)

El mundo de lo heróico basado en la fuerza y destino irremediables acaban, para penetrar ahora en el mundo moral, para acercarse al ser humano, desde una latitud humana, histórica y real. (Enrique Rull).

Virgilio

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RESUMEN DE LA ENEIDA

Libro I

Juno, sabedora del destino de gloria que les viene a los troyanos – quienes fundarían el Imperio Romano-, intenta impedir que lleguen a Italia. Para ello pide a Eolo que con sus vientos, les haga naufragar. A cambio le ofrece una ninfa por esposa. Éste acepta y los troyanos terminan dispersándose en el mar. Neptuno percibe lo que Eolo ha hecho, y se siente injuriado, pues el océano es su imperio. Entonces ayuda a los troyanos a llegar a las playas de Libia, pero no llegan todos juntos, sino en dos grupos.

Mientras tanto Venus, madre de Eneas, interviene presentándose bajo la figura de una virgen espartana y les informa de que las tierras donde están son de la reina Dido. Su esposo Siqueo había sido asesinado por su hermano Pigmalión y entonces ella huyó y formó una ciudad en esas tierras que compró.

Eneas se dirige a la ciudad y cuando llega ve a los compañeros que había perdido que también llegaron a pedir hospitalidad a Dido y que les ayude a buscar a su caudillo Eneas. Entonces éste se presenta y la reina Dido los acoge. Venus, buscando que Dido trate bien a Eneas, pide a su hijo Cupido que reemplace a Ascanio y produzca en Dido amor por Eneas. Éste accede. En la reunión, Dido pide a Eneas que cuente sus desgracias.


Libro II

Los libros II y III son relatos dentro del relato. Eneas, a petición de Dido, cuenta la caída y el saqueo de Troya (libro II) y las tribulaciones por él mismo sufridas desde ese evento (libro III).

El relato de la toma de Troya se abre con el episodio del caballo: Ulises, junto con otros soldados griegos, se oculta en un caballo de madera "alto como un monte" (instar montis equum) mientras que el resto de las tropas griegas se oculta en la isla de Ténedos, frente a Troya. Los troyanos, ignorando el engaño, entienden que los griegos han huido y hacen entrar el caballo en su ciudad. Piensan que se trata de una ofrenda a los dioses, a pesar de las advertencias de Laocoonte, que es asesinado por dos monstruos marinos junto a sus dos hijos. Llegada la noche, Ulises y sus hombres salen del caballo, abren las puertas de la ciudad y someten a Troya al fuego y el terror. En el momento del asalto, Eneas, dormido, ve a Héctor, que en sus sueños le anuncia el fin de Troya y le ordena salvar a los penates y huir.

Los ruidos del combate terminan por despertar a Eneas, que viendo a su ciudad en llamas y librada a manos de los griegos, decide al principio luchar hasta morir, junto con sus compañeros. Visita el palacio de Príamo y contempla la muerte del hijo de éste, Polites, en manos de Pirro, que luego decapita al rey de Troya. En medio del caos ve a Helena y se dispone lleno de ira a castigar a la culpable de la guerra. Venus, su madre, se le aparece y lo conmina a contenerse: los verdaderos culpables son los dioses, no Helena. Lo insta luego a buscar a los dioses Penates y a su familia, para huir de Troya. Eneas busca a su padre Anquises y a su hijo Julo. Anquises se rehúsa inicialmente a partir, hasta que un presagio divino lo convence. Parten entonces de la ciudad en llamas. Habiendo perdido de vista a su mujer, Creúsa, regresa a Troya. Finalmente, tras encontrar a la aparición de Creúsa, vuelve con los suyos a las afueras de Troya, donde prepara lo necesario para la partida.


Libro III

Eneas huye con los suyos primero hacia la ciudad de los Tracios, que eran sus amigos. Sin embargo, el alma de Polidoro les dice que el Rey de Tracia estaba a favor de los griegos. Se dirigen entonces donde el rey Anio. Allí escuchan de los oráculos de Apolo que han de fundar una nueva ciudad donde vivieron sus ascendientes. Anquises piensa que se refiere a Creta, donde nació su ascendiente Jove, y allí se dirigen. Allí fundan la ciudad de Pérgamo.

Sobrevino una peste y Anquises pide a Eneas que escuche nuevamente el oráculo de Apolo. Sin embargo, esto no fue necesario, pues en sueños se le dijo a Eneas que las tierras a las que se refería Apolo eran las de Italia o Lacio. Anquises recuerda que allí nació su ascendiente Dárdano y deciden viajar a esos lugares.

Se dirigen a las islas del mar Jónico. Allí tienen un encuentro con Celeno y otras arpías. Los troyanos comen de sus rebaños y entonces ellas les atacan. Ellos se defienden fieramente y por ello Celeno le vaticina que sufrirá hambre cuando llegue a Roma. Tras unos viajes, Eneas se entera que Heleno, hijo de Príamo, reinaba en una ciudad cercana – pues se había casado con la viuda de Pirro – y hacia allí se dirigen. Ven allí también a Andrómaca. Heleno le predice que llegará a Italia, pero para entrar en ella tendrá que sufrir un poco, pues allí habitaban griegos. Le dice que debe cuidarse también de Caribdis y Escila. Le aconseja que implore el numen de Juno y que escuche los oráculos de la Sibila.

Continuando su viaje, pasaron por el promontorio de Ceraunio y llegaron pronto a Italia. Se dirigen, sin embargo, a las costas de los cíclopes. Allí se encuentran con un griego, Aqueménides, que Ulises había abandonado quien les pide que lo lleven con él y les aconseja escapar pronto. Ya venían los cíclopes a atacarlos, pero no fueron alcanzados. Pasan por Ortigia y luego por el puerto de Drépano, donde llega la muerte a Anquises. Eneas termina su relato.


Libro IV

La Reina Dido, gracias a la acción de Cupido, se enamora de Eneas y esos sentimientos se los cuenta a su hermana Ana. Ella le recomienda dejar fluir ese amor, pero ella aún recuerda a su difunto esposo Siqueo. Cuando Juno se dio cuenta de todo ello, se alió con Venus para conseguir que Eneas se enamore también de ella. Su objetivo era que Eneas se quedara allí para siempre. Venus accede. Cuando Eneas y Dido salen de caza, hay una lluvia y ellos se esconden en la misma cueva y allí hacen el amor.

Llega esto a los oídos de Júpiter y, temiendo que Eneas detenga su viaje, envía a Mercurio para que le recuerde al troyano que su destino es fundar Roma. Ya Eneas estaba armando una gran ciudad con Dido y al recibir este mensaje no sabe cómo decírselo a Dido. Atina a mandar a Sergesto, Seresto y Mnesteo que preparen sigilosamente la escuadra. Dido se entera y enfrenta a Eneas. Éste se defiende hablando de su destino, pero ella no acepta esa excusa. Con todo, le permite irse.

Mercurio se le presenta nuevamente al troyano para que apure su partida. Eneas, entonces, parte inmediatamente con sus hombres. Dido, engañando a los suyos diciendo que hacía unas libaciones, se suicida.


Libro V

Se dirigen los troyanos a las tierras de su amigo Acestes. Éste los recibe bien. Se cumplía ya un año de la muerte de Anquises y entonces Eneas realizó sus funerales. Luego de ello, hubo juegos. Cloanto vence en navegación. En la carrera, Niso y Salio tropiezan y entonces vence Euríalo, pero los tres reciben premios. En la lucha nadie quiere enfrentarse Dares, hasta que el anciano Entelo accede a hacerlo y lo vence. En el tiro con arco vence Acestes. Luego Iulo hizo una representación de la guerra con sus amigos.

Juno envía a Iris a que promueva en las mujeres troyanas el deseo de no viajar más. Toma Iris la forma de la anciana Beroe y realiza lo encargado, iniciando el incendio de las naves. Descubren la divinidad del personaje, pero aún así continúan las mujeres con el incendio. Eumelo informa a Eneas, quien acude al lugar inmediatamente. Entonces ruega a Júpiter que lo ayude y éste detiene el incendio. Nautes le recomienda que permita que se queden en esa ciudad quienes ya no quieran viajar.

Eneas está aún indeciso, cuando en la noche se le aparece su padre Anquises y le recomienda que haga lo que Nautes dice y le pide que lo visite en el Averno. Para llegar debía visitar a Sibila y ofrecer sacrificios. Eneas comunica todo ello a sus hombres y apresuran la partida. Entretanto, Venus ruega a Neptuno que los troyanos ya no sufran males. Éste le promete que llegarán a las puertas del Averno sólo con un hombre menos. Precisamente, el Sueño hace que Palinuro, el piloto de la nave, caiga de la misma y muera.


Libro VI

Arriban a las playas de Cumas y visitan a Sibila en su caverna acompañados de la sacerdotisa Delfobe. Apolo se apodera de la Sibila y entonces Eneas le pide que permita que los troyanos se establezcan en el Lacio y les confíe sus oráculos. Le profetiza guerras a causa de una mujer, pero que saldrá victorioso. Luego Eneas le pide que le instruya cómo entrar en el infierno. La Sibila le dice que debe presentar cierto ramo y que, además, primero debe enterrar a un amigo suyo insepulto.

Eneas sale de la cueva y se entera de la muerte de Miseno. Realiza sus funerales. Venus entonces envía dos palomas para que lleven a Eneas al árbol que tiene aquel mágico ramo. Eneas lo toma y lo lleva a la cueva de la Sibila. Ella le instruye que se dirija a un bosque. Así llega el troyano al Averno y arriban al río del barquero Caronte, quien transporta las almas al otro mundo a través del mismo. Ve Eneas a Palinuro, quien le pide que busque su cuerpo en el puerto de Velia y lo sepulte, para que así pueda ir en el barco de Caronte. Eneas lo promete. Para poder subir al barco de Caronte, le presentan la rama mágica. Ven en el camino la cueva de Cerbero, los jueces de los muertos, los campos llorosos, etc. En eso, Eneas ve a Dido y le pide perdón, pero ella no responde. Ve también muchas almas de grandes guerreros de otros tiempos, como a Deífobo, quien se casó con Helena cuando Paris murió. Llegan a donde el camino se divide en dos: hacia el palacio de Plutón o hacia el Tártaro. Arriban a los bosques afortunados y buscan a Anquises.

Tras un nostálgico encuentro, Anquises le cuenta a Eneas que las almas buenas, después de mil años, se les borra la memoria y se les manda nuevamente a la tierra en otros cuerpos. Así le predice su gran linaje: su hijo Silvio – que nacería de su esposa Lavinia –, César, Camilo, Máximo, Serrano, Romano, Marcelo, etc. También le cuenta las guerras a las que está destinado sustentar y cómo resistir a ellas. Luego Eneas regresa donde sus amigos por una puerta de marfil del Sueño. En seguida se dirigen al puerto de Cayeta.


Libro VII

Finalmente se dirigen a un bosque del Lacio, por donde pasa el río Tíber. Vivía en esas tierras Latino, esposo de Amata. Éste tenía una hija, Lavinia, quien estaba comprometida con Turno. Sin embargo, se había predicho que ella se casaría con un extranjero y no con él. Eneas come con los suyos y se quedan hambrientos. Entonces recuerda que se le había predicho que cuando eso suceda, sería el fin de sus males. Manda Eneas cien emisarios donde el rey Latino. Éste los recibe e Ilioneo le pide, en nombre de Eneas, unas tierras donde asentarse, sustentándose en los oráculos. Latino reconoce en Eneas aquel yerno prometido y les pide que vaya a visitarlo.

Mientras tanto, Juno, planeando levantar una guerra negativa a los troyanos, envía a Alecto a producir la discordia. Ella inyecta mediante una de sus serpientes las furias en Amata, quien entonces se enfrenta a su esposo para que no dé la mano de Lavinia a Eneas, sino a Turno. Al ver que Latino no cambiaba de parecer, esconde a su hija y promueve sus ideas entre las otras mujeres. Luego, Alecto se dirige a Árdea, ciudad de Turno, y promueve en él el odio por Eneas, quien sería un usurpador. Le hinca, entonces, una de sus serpientes, llena de furias. Turno se decide a enfrentarse a Latino por la mano de Lavinia.

Luego, se dirige Alecto a los perros cazadores de Iulo. Así estos llevan a Iulo a cazar un ciervo, que era propiedad de Tirreo, un latino. Cuando ello es descubierto, estalla una batalla y surgen las primeras víctimas. Entonces Alecto se siente satisfecha y con ella también Juno. Todos piden a Latino que declare la guerra a los troyanos, pero éste aún no accede. Llegan mientras tanto los aliados, como Lauso, Aventino, Catilo, Camila, etc.


Libro VIII

El río Tíber le habla a Eneas, quien le recomienda busque la alianza con los Palanteos, cuya ciudad estaba siguiendo el curso del río. Eneas prepara el viaje y ve entonces un buen augurio. Se acompaña de Acates. Llega a la ciudad cuando el rey Evandro y su hijo Palante ofrecía sacrificios a Hércules, y le piden alianza para enfrentar a los rútulos. Evandro se la da, viendo que eran ambas naciones descendientes de Atlante. Lo invita a participar de los sacrificios a Hércules. Mientras tanto, Venus pide a su esposo Vulcano que fabrique armas para Eneas y él accede. Entonces, Venus le informa a su hijo que le llegarán armas divinas. Luego, Evandro envía a Eneas con su hijo Palante a buscar más alianzas. Posteriormente, ya Eneas recibe las armas prometidas por su madre y todos se maravillan de ellas.


Libro IX

Juno envía a Iris para que lleve a Turno prontamente a la batalla. Ella le informa que los troyanos están sin su caudillo. Eneas había dicho que si los atacaban, se refugiasen en su empalizada. Turno intenta incendiar todo. Entonces la Madre de Júpiter aparta las naves troyanas del incendio convirtiéndolas en ninfas. Turno pensó que así los troyanos ya no podrían escapar y entonces descansó sus tropas, regocijándose con vino. Percibieron esto Niso y Eurialo y entonces solicitaron permiso a los que Eneas había comedido la dirección de la guerra, Mnesteo y Seresto, para ir en busca de Eneas, ya que los rútulos desprevenidos estaban. Lulo les promete muchos premios por esa hazaña y ellos parten inmediatamente. Niso abre el camino dando muerte a algunos rútulos. En el camino, Eurialo se rezaga y es alcanzado por Volscente. Niso percibe ello y regresa a rescatar a su amigo. Se encomienda a Apolo y da muerte a varios. Con todo, mueren Eurialo, Volscente y Niso. Las cabezas de los troyanos son exhibidas por los rútulos.

Mesapo logra abrir la empalizada y se inicia una sangrienta batalla. Ascanio entra en la batalla y la neutraliza dando muerte a Numano. Marte infunde fuerza en los latinos. Luego Turno queda cercado por los troyanos, sin que Juno le pueda ayudar, pero se arroja al río y se salva.


Libro X

Júpiter prohíbe a los otros dioses que participen en la batalla. Venus le pide clemencia para sus troyanos, entonces Juno se hace la desentendida. Entonces Júpiter decide a nadie favorecer en la batalla.

Ya Eneas llegaba por mar con alianzas firmadas. Le seguían guerreros como Másico, Abante, Asilas, Astur, etc. Cuando, se le acercan sus antiguas naves, que ya eran ninfas, y le informan de la batalla. Llegan y Turno no cesa su ataque. Empieza así un fiero combate. Turno pide a su hermana diosa Iuturna que le ayude en la batalla. Tras haber hecho grandes estragos, Palante es muerto por Turno, tomando éste algunas de sus armas. Eneas se enfada y da muerte a muchos rútulos.

En tanto, Júpiter provoca a Juno y esta le pide que demore la muerte de Turno. Ella misma toma la figura de Eneas y, confundiendo a Turno, hace que le siga y así lleva a Turno a salvo. Él, cuando tomó cuenta, intentó regresar, pero la diosa no se lo permitió. Mecencio toma el lugar de Turno en la batalla, mientras los dioses observaban la batalla. Eneas hiere a Mecencio, pero su hijo Lauso le ayuda a huir. Sin embargo, Eneas da muerte a éste último. Mecencio regresa a la batalla y es muerto por Eneas.


Libro XI

Eneas envía el cuerpo de Palante a su padre. Llegan luego emisarios latinos pidiendo paz para poder enterrar a sus muertos, a lo que accede Eneas. Mientras tanto, Evandro se lamenta por la muerte de su hijo, pero no retira su apoyo a Eneas. En el reino de Latino, algunos se muestran aún a favor de Turno, pero otros piden que se entregue la mano de Lavinia al troyano Eneas. Unos emisarios llegan de la ciudad de Diómedes, quien recomienda a los latinos tener mucha cautela con Eneas.

Latino quiere ya detener la guerra dando a los troyanos tierras. Drances recomienda también darle la mano de Lavinia. Turno se opone y promueve nuevas batallas. La reina Camila lo apoya. Diana pide a Opis que proteja a esta guerrera y le da un arco para dicho fin. Los troyanos se acercan a las murallas latinas y se produce nueva lid. Camila destaca por sus hazañas. Júpiter infunde valor en Tarcón. Arruntes, encomendándose a Apolo, dispara una flecha contra Camila, logrando su objetivo de darle muerte. Opis se lamenta entonces. Huyen los rútulos, pero Turno, enterado de los hechos, no abandona la batalla. Llegó la noche y se detienen las actividades.


Libro XII

Latino y Amata piden a Turno que detenga la guerra, pero éste, enamorado de Lavinia, manda a Eneas un pedido para dirimir los dos solos la batalla. Eneas acepta. Juno planea un nuevo ardid: envía a la hermana de Turno, Iuturna – a quien Júpiter le dio divinidad a cambio de su virginidad –, a promover que se rompan los pactos que se hiciesen, pues sabe que Turno es menos diestro que Eneas con las armas.

Mientras tanto, a los ojos de Júpiter se hacen los juramentos para que el fin de la guerra se reduzca al enfrentamiento directo de Eneas y Turno. Sin embargo, Iuturna tomó la figura del guerrero Camerto, promoviendo la intervención de los rútulos en la batalla. En eso, un augurio es interpretado por Tolumnio a favor de lo que pedía Iuturna y se rompen los pactos. Sin embargo, Eneas no estaba de acuerdo y buscaba el enfrentamiento sólo con Turno. Repentinamente, una saeta que nunca se supo de quién provino, le hiere. Turno hace entonces grandes estragos.

Iulo lleva a su padre a un lugar seguro. Venus inspira al anciano Iapis para curar a Eneas. Éste recupera sus fuerzas y regresa a la batalla. Los rútulos huyen, pero Eneas sólo busca a Turno. Éste también quería enfrentarlo, pero Iuturna no se lo permite. Venus inspira a Eneas que se dirija a la ciudad. La reina Amata, viéndolos venir, piensa que Turno ha muerto y se suicida. El rey Latino se entera y sufre mucho. Le llegan noticias a Turno y entonces se desprende de su hermana para luchar. Eneas escucha que Turno llegaba ya y se dirige a su encuentro.

Turno hiere levemente a Eneas, pero su espada se rompe, pues no era la suya – que por su padre Dauno heredó y que había sido hecha por Vulcano – sino una que había tomado por error de uno de sus compañeros. Apela, entonces, a la fuga buscando su espada y Eneas lo persigue. Sin embargo, la lanza del troyano se atascó en las raíces de un árbol divino, Rauno. Venus la arranca. Turno recibe su espada y se reinicia la lucha. Mientras tanto, Júpiter pregunta a Juno qué espera de la guerra y le prohíbe participar nuevamente en ella. Juno acepta que había persuadido a Iuturna de ayudar a Turno y cede a abandonar la guerra. Sin embargo, pide que cuando los troyanos se unan a los latinos, desparezca el nombre de los primeros. Júpiter accede y envía una furia a retirar a Iuturna de la batalla.

Eneas acosa a Turno y éste comienza a sentir temor. Eneas le hiere con la lanza. Turno atina a tirarle una enorme piedra, pero ésta no llega a su objetivo. Entonces pide que le perdone la vida tomando a Lavinia. Eneas estaba indeciso cuando ve que Turno tenía armas de Palante. Lleno de furia, le da el ataque final.

Suicidio de Dido

Suicidio de Dido

OBRAS DE VIRGILIO (prosa)

  • P. VERGILI MARONIS: ECLOGAE
  • Virgilio, Eneida, L. I
  • Virgilio, Eneida, L. II
  • Virgilio, Eneida, L. III
  • Virgilio, Eneida, L. IV
  • Virgilio, Eneida, L. V
  • Virgilio, Eneida, L. VI
  • Virgilio, Eneida, L. VII
  • Virgilio, Eneida, L. VIII
  • Virgilio, Eneida, L. IX
  • Virgilio, Eneida, L. X
  • Virgilio, Eneida, L. XI
  • Virgilio, Eneida, L. XII
  • VIRGILIO, GEORGICAS, L. I-IV
  • VIRGILIO, ENEIDA (en prosa)

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PUBLIO OVIDIO NASON

PUBLIO OVIDIO NASON

BIOGRAFÍA

Publio Ovidio Nasón, en latín Publius Ovidius Naso; Sulmona, actual Italia, 43 a.C. - Tomis, hoy Constanza, actual Rumania, 17 d.C. Poeta latino. Educado en las artes de la política, Ovidio estudió en Roma y completó su formación en diversas ciudades del mundo griego, pero pronto abandonó la política para dedicarse por entero a la poesía, convertido en un hombre adinerado tras heredar la hacienda de su padre.

Tuvo numerosas amantes, y se casó tres veces (con dos divorcios), y algunas de sus peripecias amorosas aportaron el material poético para sus Amores, una serie de poemas que narran los incidentes de sus relaciones con Corina, personaje en el que seguramente condensó diversas figuras femeninas.

Ovidio perteneció a una serie de poetas que no conocieron las guerras civiles que asolaron Roma durante el siglo I a. C. Los antiguos poetas augusteos, como Virgilio y Horacio, con sus valores patrióticos y su estética clasicista, estaban ya muy lejos de la generación de Ovidio, heredero de la estética helenística que representa el gusto por la erudición y por la despreocupación política y social.

En Roma, donde residió hasta los cincuenta años de edad, se relacionó con la más alta sociedad, incluido el emperador Octavio Augusto. Sin embargo, en el año 8 d. C. cayó en desgracia y fue desterrado hasta su muerte en Tomis, en el Ponto Euxino, cerca del Mar Negro, sin que se sepa cuál fue exactamente el motivo; el propio Ovidio supone que se debió al tono libertino de algunas de sus obras, que se habría interpretado como un ataque a la política de reforma moral y a la estética del emperador Augusto, quien llegó a castigar el adulterio como si fuese una ofensa contra el Estado o la religión, incluso más allá de la propia tradición romana. Sin embargo, estas obras circulaban desde hacía tiempo, por lo que se ha especulado también con la posibilidad de que el poeta conociera un escándalo en el que estaba implicada la hija del emperador.

La obra de Ovidio

En su primera etapa, la poesía de Ovidio tiene un tono desenfadado y gira alrededor del tema del amor y el erotismo. Amores, Arte de amar (considerada por algunos su obra maestra) y Remedios de amor destacan por la maestría técnica en el manejo del dístico elegíaco y la facilidad brillante y a veces pintoresca del verso.

El propósito didáctico, los consejos y ejemplos sobre cómo seducir a las mujeres y relacionarse con ellas, se mezcla en estas obras con la anécdota burlesca y un costumbrismo teñido de sátira; a los ojos modernos, más que de amor se trata de erotismo, o incluso de un simple repertorio de anécdotas picantes, aunque debe tenerse en cuenta que lo que en la Antigüedad se entendía por amor se acerca más a lo que hoy llamaríamos erotismo. Por ello, cuando estos libros influyan en el amor cortés trovadoresco (siglo XII), las diferencias serán también notorias.

A la obra de madurez del poeta corresponden Las metamorfosis, extenso poema en hexámetros que recoge diversas historias y leyendas mitológicas sobre el tema de las metamorfosis o transformaciones. Se trata de un poema escrito con la voluntad de competir con Virgilio, aunque a la solemnidad de la Eneida opone Ovidio el guiño, la broma y el refinamiento, y a la épica armónica y ática del excelso Virgilio, la variedad pasional y helenística.

Durante la Edad Media y el Renacimiento, Las metamorfosis circuló casi como una enciclopedia sobre mitología clásica. Las obras compuestas durante el tiempo de exilio se caracterizan por la melancolía; destacan los Tristes, cinco libros de elegías que relatan su infeliz existencia en Tomis y apelan a la clemencia del emperador Augusto.

Gaius Valerius Catullus

Gaius Valerius Catullus

Cayo Valerio Catulo

Catulo (Gaius Valerius Catullus), nació Verona (Galia Transpadana), en una familia influyente (su padre era amigo de Julio César, al que Catulo sin embargo despreciaba, quizá a causa de la sequedad de su estilo literario), hacia el 87 a. C. y murió en Roma, hacia el 57 a. C., aunque muchos estudiosos aceptan las fechas 84 a. C.-54 a. C., fue un poeta latino, de los llamados neoteroi o neotéricos siendo el más representativo de todos ellos, es el máximo representante de los poetae novi o neotéricos, pues es el único autor del que se nos han conservado todos sus poemas y uno de los poetas latinos más populares hoy día. En realidad su inclusión en el apartado de la poesía lírica se debe fundamentalmente a su calidad de líder de los neotéricos, pues propiamente líricas tiene escasas composiciones, entre las que podemos mencionar los poemas XI, XVII, XXX, XXXIV, LI, LXI y otros. Por otra parte todavía hoy se discute su pertenencia al movimiento elegíaco, aunque por una cuestión meramente formal. En cualquier caso, lírico o propiamente elegíaco, Catulo merece comentario aparte.

Estudió en Roma, pasó allí varias temporadas, al fin se estableció en la ciudad en el año 62 a. C. y se introdujo en los cenáculos literarios de sus amigos, los poetas neotéricos: Helvio Cina, Licinio Calvo, Valerio Catón, Quinto Cornificio, Furio Bibáculo y los eruditos Marco Terencio Varrón y Cornelio Nepote.

Aunque parte de su atractivo radica en su versatilidad, se le recuerda ante todo como poeta amoroso y en esto influyó sobremanera en los grandes elegíacos que le sucedieron: Tibulo, Propercio y Ovidio; efectivamente, fue el primer poeta latino que describió el desarrollo de un proceso amoroso de una manera profundamente intensa.

Cayo Valerio Catulo tuvo una vida breve, pero intensa, aunque sin acontecimientos extraordinarios. Era hijo de una familia provinciana, que aún sin grandes bienes de fortuna, pudo dotarle de una excelente educación y facilitarle un trato social elevado: políticos, aristócratas, intelectuales. Su padre se preciaba de la amistad con César, sentimiento que Catulo no compartía. Tuvo poca inclinación por los cargos oficiales y el comercio, y gustaba, por el contrario, del otium, de la vida social, del trato con los amigos, de las mujeres, del arte poético.

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